Defensa Del Deudor, S. C.

Del capitalismo, el COVID-19 y de esas raras coincidencias históricas.

COVID 19 y capitalismo

Primeramente partamos del “cómo” funciona el capitalismo: básicamente su sistema se basa en la rentabilidad generada por la inversión de capital (de ahí su nombre). Así las cosas, bajo este esquema, su objetivo será siempre obtener los máximos niveles de rentabilidad del dinero invertido (sí o sí).

Uno de sus momentos cumbres, fue el fin de la 2a Guerra Mundial. De los restos de los países bombardeados y la reconstrucción de sus economías, se logró un amplísimo margen de expansión para el sistema Capitalista. Sin embargo, todo tiene un límite, y fue en la década de los 80s cuando el viejo esquema Capitalista post WWII, comenzó a contraerse. La guerra dejó de ser tan buen negocio, sobre todo por el riesgo implícito que había por el poder del armamento de las super potencias. Es decir: una mala jugada podría acabar con todo el negocio (literalmente bajo hongos atómicos).

Así las cosas, en los 80s los grandes genios financieros buscaron un nuevo modelo que permitirse la expansión del capitalismo sin el riesgo de morir carbonizados o destruir (rápidamente) al planeta: la financiarización, es decir, el crédito y la venta de acciones con dinero inexistente (o lo que es lo mismo: quitarle a la gente su dinero real prestándoles dinero irreal). Gracias a este nuevo esquema, las ganancias de las grandes compañías (Nestle, Coca Cola, Ford, Shell, etc) gradualmente se fueron integrando al sistema financiero, y ya no en la economía real (con dinero real). Es ahí cuando inicia la época de la especulación, el nivel de riesgo, el “crecimiento” simulado, la falta rentabilidad y, por ende, la generación de super ricos en “fast track”.

Pausa: pon atención, hay dos palabras clave: economía y financiero. La economía habla del dinero real, los billetes y las monedas, y el financiero habla del dinero irreal. Ese qué solo ves en la pantalla del celular al ver tu estado de cuenta en línea.

En los 90s, con la llegada del Internet, se dio el “boom” de este esquema, empresas cómo: Global.com o NETSCAPE (creadores del navegador Mozilla, pero que fueron aplastados por Microsoft), pasaron de valer un puñado de miles de dólares, a valer miles de millones bajo la premisa de su “crecimiento a futuro”. Todo mundo quería cotizar en las bolsas de valores, todo mundo quería comprar acciones y hacerse millonario de la noche a la mañana, todo mundo quería tarjetas de crédito y comprar cosas que no podría pagar de otra forma. Fue la época de oro del sistema financiero.

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Entonces, actualmente existen dos sistemas que manejan el dinero de todos: la economía real, bajo la que vivimos la mayoría de nosotros, con la compra y venta de bienes y servicios reales, que se pagan con dinero real. Y el sistema financiero, que se sostiene con dinero inexistente, que compra y vende acciones de miles de empresas con base en la especulación, que presta dinero irreal al ciudadano común, para su coche, su casa o para esa pantalla de 80 pulgadas para que vea el fútbol. ¿La podrá pagar? Bueno, ese ya es otro cantar.

Pero… ¿Y todo esto qué tiene que ver con el COVID-19 y con la casualidad? Bueno, cómo ya había dicho: casi todo tiene un límite y el sistema financiero no es la excepción. Desde hace unos años se comenzaron a vislumbrar las primeras señales de que se estaba llegando al colapso, y ya el año pasado, comenzábamos a ver signos de contracción en la economía global e incluso, se comenzaba a hablar de recesión en varios país del primer mundo. Esto debido a que, ya no se podía sostener el mentado sistema financiero. Sencillamente, había demasiado dinero flotando, pero no había en donde colocarlo para generar más ganancias. A estas alturas macro económicas, los incentivos fiscales o el apoyo gubernamental, poco o nada podrían hacer para salvar al sistema financiero. Simplemente no hay dinero que alcance para eso.

Para la buena suerte del mencionado sistema, surge esta pandemia por el COVID-19, y me dirán: “estás loco, ¿no ves que la economía colapsó (aún más) por eso?” y sí, y no… El COVID-19 lo que vino a hacer fue sacudir los mercados y poner en pausa a la economía. Las super compañías, en su mayoría van a sobrevivir sin problema y muchas de las más pequeñas, desaparecerán. Los gastos en cuestión de salud son formidables y las farmacéuticas y otras similares se están viendo tremendamente beneficiadas por esta situación.

Es decir: el dinero se está desplazando hacia donde el capitalismo quiere que se vaya. Algo digno de resaltar es el hecho de que el COVID-19, afectó primero a las principales economías del planeta, y por lo tanto, son esas economías las que se están reactivando antes que las de los países emergentes, cómo México, donde apenas vamos a la mitad del camino (o menos). Y no, no digo que el virus no exista. Sencillamente resultó tremendamente oportuno para el sistema financiero, que está más que listo para aprovechar todas las áreas de oportunidad que va a generar este “reseteo” económico global. Sí, este es un evento sin precedentes. Algo histórico. Ya ahora mismo, el FMI ha otorgado líneas de crédito multimillonarias a varios países, las acciones de diversas empresas se desplomaron (y ya fueron compradas por los genios en el tema), otras en cambio, se fueron al cielo.

Al final, el dinero (real) no desaparece, sencillamente cambia de manos. Ahora mismo, millones de personas en todo el mundo, pasaron de tener una economía “estable” a quedarse sin nada… ¿Ese dinero que percibían esas personas a donde se fue? ¡Exacto! A las arcas de los bancos, y de ahí, regresará a las manos de esa misma gente -pobre ahora- pero en forma de créditos con sus respectivos intereses. Y así pasará con las PYMEs, y miles empresas más grandes. Billones de dólares serán colocados en forma de créditos, millones de acciones de miles de empresas serán compradas y vendidas, billones de dólares pasarán de lo virtual a lo real, y de ahí, al bolsillo de los super ricos.

El COVID-19 vino a ser ese salvavidas que necesitaba urgentemente el capitalismo. Un salvavidas que garantizará su funcionamiento por cuando menos, un siglo más. Por cada mil millones de nuevos pobres, un super rico se vuelve aún más rico. Así de simple.

Y fin.


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